He aquí unas traducciones en versos castellanos
La Divina Comedia
Bartolomé Mitre (1894) tambien escribió sobre la teoría del tradutor.
En medio del camino de la vida,
Errante me encontré por selva oscura,
En que la recta vía era perdida.
¡Ay! que decir lo que era, es cosa dura,
Esta selva salvaje, áspera y fuerte,
Que en la mente renueva la pavura!
¡Tan amarga es, que es más solo la muerte!
Mas al contar el mal que allí encontrara,
El bien diré, que hallara por mi suerte.
No podría explicar como allí entrara.
Tan soñoliento estaba en el instante
En que el cierto camino abandonara.
La Eneida - Publio Virgilio Marón
Miguel Antonio Caro (1946)
Canto asunto marcia; al héroe canto Que, de Troya lanzado, a Italia vino; Que ora en mar, ora en tierra, sufrió tanto De Juno rencorosa y del destino; Que en guerras luego padeció quebranto, Conquistador en el país latino, Hasta fundar, en fin, con alto ejemplo, Muro a sus armas, y a sus dioses templo.
De álla trajo su ser el trono albano, Su nombre el pueblo a quien el orbe admira, Roma de allá su cetro soberano… ¡Más tú a mi osado verso, Musa, inspira! Abre de estos sucesos el arcanol ¿Que a la errante virtud sigue y quebranta? ?Cupo en celestes pechos furia tanta?
…
147 Y vuela el tiempo en pláticas sabrosas, Y Dido, platicando, amor apura; Mil cosas sobre Príamo y mil cosas A Preguntar sobre Héctor se apresura: Ya qué huestes trujera pavorosas El hijo de la Aurora, oír procura; Ya la historia saber de los gentiles Potros de Reso o el poder de Aquiles.
–!Que en fin - exclama -, por ventura mía Desde el principio en relatar vinieses Los pasos de la griega alevosía, Huésped y vuestras glorias y reveses! También tus viajes entender querría, Ya que contemplas los estivos meses Tornar séptima vez desde que yerras Mares cruzando y extranjeras tierras.–
134 Meta de viajes, causa de gemidos En Drépano encontré. De ahí del viento Vinimos por el piélago impelidos, Merced de un Dios, a vuestro ilustre asiento – Tal sucesos del Cielo dirigidos Narraba el héroe al auditorio atento, Contratiempos, errores y peleas: Calló, en fin, y descanso tomó Eneas.
3 ¿Qué brío a su alma y brazo no acompaña? ¡Cuál se pinta en su frente su destino! Yo, si mis ojos la ilusión no engaña, Que desciende de Dioses adivino; Pues torpe miedo que el semblante empaña, Siempre delata al corazón mezquino; Y él tras tanto conflicto y prueba tanta, ¡Qué de combates concluídos canta!
Eterno, irrevocable es mi desvío De un nuevo enlace al criminal deseo; Que mi esperanza en flor y el amor mío Yacen con las cenizas de Siqueo. Mas si a mis ojos sin fulgor sombrío Pudiese arder la antorcha de Himeneo, Sólo de este héroe la gentil presencia Capaz fuera a vencer mi resistencia.
123 Álzate, vengador amenazante, Acelera los tiempos; y ahora y luego, Tu sombra por do vayan los espante; Arróllalos feroz a sangre y fuego. Y muro contra muro se levante; Y un mar contra otro mar se ensañe ciego; Y pueblo contra pueblo alce la frente; ¡Y guerra eterna mi rencor sustente!
128 –¡Oh dulces prendas con mejor fortuna! ¡Dulces por siempre cuando Dios quería! ¡Mi espíritu os entrego y mi importuna Memoria cese con la vida mía! La senda anduve que emprendí en la cuna. Viví las horas que vivir debía: Hoy, fin logrando a míseros afanes, Van a otro mundo mis augustos manes.
Fundé yo una ciudad, ciudad preclara, Murallas propias coronó mi mano; Vengué la sombra del esposo cara; Yo tomé enmienda del malvado hermano. ¡Feliz, harto feliz si no tocara Mis costas, nada más, bajel troyano!– Y aquí, a par que en el lecho el rostro imprime, –¿Moriré inulta? ¡mas muramos! – gime.–